En el contenido de la memoria se encuentran los libros custodiados en el archivo a lo largo de siete siglos, desde el más antiguo, fechado en 1286 (un libro de asignaciones del justicia de Segorbe Sancho Navarro) hasta el más moderno de 1987 (actas del Ayuntamiento Pleno de dicho año), en cuyo momento se dejan de escribir a mano los libros de acuerdos municipales y se pasa a utilizar el ordenador.

Entre la documentación fotografiada por el cronista hay libros de actas, acuerdos y deliberaciones (los más numerosos), borradores, registros de correspondencia, libros de la corte de los justicias, protocolos, órdenes, asignaciones, mandamientos, pleitos, sentencias, libros del hospital, un libro de comentarios religiosos islámicos e incluso el corán monumental que a pesar de su restauración y de los constantes traslados para archivos y exposiciones en España y el extranjero, no se había fotografiado en su integridad hasta ahora.

La digitalización de todos estos fondos va facilitar de forma extraordinaria el acceso a la documentación por parte de los investigadores ya que a través de las redes sociales se pueden solicitar y conseguir los documentos y en su día, mediante un programa adecuado, consultarlos directamente a través de Internet, sin necesidad de desplazarse al lugar donde se encuentran. Al mismo tiempo, se evita el deterioro de los libros por el uso y manejo directo de los volúmenes, algunos de ellos en un estado de deterioro notable.

Las ventajas de tener esta documentación disponible en formato digital se ha podido comprobar ya mientras se realizaba el trabajo, con la petición de un profesor de la Universidad Autónoma de Madrid que necesitaba para sus investigaciones uno de los libros que se acababan de fotografiar. Se trata de un libro de escribanía (1419-1425) del señor de Segorbe, Federico de Aragón, hijo del rey de Sicilia, Martín el Joven y nieto de los reyes Martín I el Humano y la Reina María de Luna, candidato a la Corona de Aragón en el llamado Compromiso de Caspe. Con la reproducción se cuenta con un testimonio visual fidedigno del estado y existencia actual de la documentación que en caso de contratiempos no deseados puede servir para su identificación o restauración.

Según explicó Martín Artíguez, el trabajo no se ha realizado siguiendo técnicas profesionales, con el uso de cámaras fijas y aplanado de hojas, sino mediante la obtención de fotografías digitales a pulso de cada una de las páginas de los documentos, “pero al final el objetivo perseguido de poder leer el contenido del texto en la imagen que es lo que se pretendía, se ha conseguido igualmente”.

La idea de llevar a cabo la digitalización de los documentos nace de la incompatibilidad que el cronista tiene con los horarios del archivo municipal, por su actividad laboral; lo que le llevó desde 2004 a ir fotografiando aquellos libros que iba necesitando para sus investigaciones, actas municipales fundamentalmente, y posteriormente en su casa y en horario nocturno, los estudiaba. Poco a poco se fue encontrando con un volumen considerable de documentación en imágenes y decidió ampliar su trabajo al resto de libros del archivo que finalmente ha podido completar nueve años después.

El soporte digital pasará a ahora al Archivo Histórico Municipal cuyos responsables gestionarán la documentación en la forma que el ayuntamiento estime conveniente. 

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