Artículo 50.

1. Todo Estado miembro podrá decidir, de conformidad con sus normas constitucionales, retirarse de la Unión.

2. El Estado miembro que decida retirarse notificará su intención al Consejo Europeo. A la luz de las orientaciones del Consejo Europeo, la Unión negociará y celebrará con ese Estado un acuerdo que establecerá la forma de su retirada, teniendo en cuenta el marco de sus relaciones futuras con la Unión. Este acuerdo se negociará con arreglo al apartado 3 del art. 218 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (LA LEY 6/1957). El Consejo lo celebrará en nombre de la Unión por mayoría cualificada, previa aprobación del Parlamento Europeo.

3. Los Tratados dejarán de aplicarse al Estado de que se trate a partir de la fecha de entrada en vigor del acuerdo de retirada o, en su defecto, a los dos años de la notificación a que se refiere el apartado 2, salvo si el Consejo Europeo, de acuerdo con dicho Estado, decide por unanimidad prorrogar dicho plazo.

Un tratado internacional de retirada podría negociarse simultáneamente con otro tratado que otorgue al Reino Unido un estatuto especial o transitorio que atenúe las consecuencias de una retirada íntegra e incondicional de la Unión Europea. Por tanto, es previsible que, incluso produciéndose la entrada en vigor del tratado internacional de retirada, se adopten medidas transitorias complementarias.

El futuro estatuto que regiría las relaciones entre el Reino Unido y la Unión con posterioridad a una retirada voluntaria de aquél genera muchas dsudas e incertidumbres. En el escenario internacional hay varias referencias que permiten barajar al menos tres posibilidades diferentes de relación con la Unión para el reino Unido tras el triunfo del Brexit:

Modelo Noruega: el Reino Unido podría adherirse al Acuerdo Europeo de Libre Comercio («AELC», del que actualmente forman parte Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza) y, como Estado miembro del AELC, tendría la posibilidad de integrarse en el Espacio Económico Europeo («EEE»). Esta opción supondría un importante grado de integración del Reino Unido en el mercado formado por los Estados del EEE, pero también exigiría un elevado nivel de asunción del Derecho derivado de la Unión y sin poder participar en su adopción.

Modelo Suiza: el Reino Unido podría entablar con la Unión Europea una serie de acuerdos bilaterales de asociación, centrados en materias específicas como la libre circulación de mercancías, la libre circulación de personas o la coordinación de sistemas de seguridad social para los trabajadores que ejercen la libre circulación entre el Reino Unido y la Unión. A diferencia del modelo Noruega, el Derecho de la Unión no sería aplicable en el Reino Unido, tan solo lo dispuesto en los acuerdos bilaterales de asociación.

Modelo internacional: el Reino Unido podría también basar sus relaciones comerciales con la Unión únicamente en los acuerdos internacionales comerciales, de carácter multilateral. Esta opción se fundamentaría principalmente en los acuerdos adoptados en el marco de la Organización Mundial del Comercio y no otorgaría al Reino Unido una relación preferencial respecto de otros socios comerciales de la Unión. Sería la opción más alejada del marco de la Unión.

De todos modos, es previsible que las relaciones futuras del reino Unido con la Unión Europea y las posibles acciones reguladoras de este proceso, con el fin de evitar otras retiradas y un efecto desintegrador de la Unión y de la idea de Europa, determinen que los estados miembros endurezcan las condiciones de acceso del Reino Unido al mercado interior.

Fdo. Francisco J. Ramírez – ARA ABOGADOS SLP.

 

 

 

 

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