La razón de nuestra voluntad de concienciación a la población y entidades públicas de la preservación de nuestros montes, así como del beneficio económico y social mediante la truficultura, es porque la trufa es un recurso natural con un alto valor ecológico, social y económico, que confiere al monte una protección y rentabilidad directa. Incorporar zonas truferas, naturales o artificiales consigue áreas cortafuegos, gracias a que una explotación trufera exige una fisionomía parecida a la de la dehesa, tratándose de formaciones muy resistentes al fuego tanto por la fisionomía como por las especies utilizadas. Además tienen un importante papel hidrológico, la truficultura tiene un papel protector de las zonas calizas donde se recargan gran parte de los acuíferos, al no utilizarse ni abonos ni pesticidas la calidad del agua infiltrada es óptima, y por otra parte elimina los riesgos de erosión en los terrenos abandonados al ponerlos en cultivo.

Mediante este tipo de plantaciones se produce una mejora del paisaje, dehesas con mayor diversidad en las texturas, contrastes de las superficies forestales y uno de los paisajes ibéricos más apreciados en todos los ámbitos. Por otro lado, la apertura de claros en masas cerradas para mejorar los rodales truferos permite la formación de ecotonos donde se desarrolla una mayor biodiversidad en la vegetación y los claros son útiles como cazaderos de aves de presa de hábitat forestal.

Todo ello conlleva un importe beneficio social, ya que las condiciones donde se desarrolla la trufa en la mayor parte de las regiones españolas son particularmente adversas para la mayoría de los cultivos más tradicionales. Se entiende, que la producción trufera contribuye a la detención de los procesos de erosión demográfica de las zonas de interior, permitiendo la supervivencia de pequeños municipios.

La actividad trufera tiene como base un desarrollo sostenible y con expectativas de futuro para sus recursos naturales y población.

Esta trufa se desarrolla en nuestro país, suponiendo la producción española un 40% de la producción mundial, alcanzando un precio muy elevado dentro de un mercado sin excedentes y con una gran demanda, superando en este ámbito a nuestros vecinos franceses e italianos.

Por tanto, podemos afirmar que el caso de la trufa negra (Tuber Melanosporum Vitt.) representa un claro ejemplo de las posibilidades no explotadas existentes en un país como España.

Dentro de nuestra Comunidad existen diversas empresas dedicadas a este sector, entre ellas destacamos la existencia de ARTE TRUFA una empresa dedicada a la creación y mantenimiento de nuevas explotaciones truferas, siendo su principal actividad, junto a otras como la comercialización de trufa, o promoción y difusión cultural de la trufa.

Fdo.: Clara Rascón Lozano, secretaria de AFOCA. 

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