Ancianos, dependientes, ciudadanos humildes, trabajadores en paro, personas adultas, jóvenes, enfermos crónicos, victimas de injusticias, y tantos más, se ahogan día tras día de tanto apretarles el cuello. Nuestros respetables mandatarios elegidos en cada convocatoria electoral olvidan sus promesas y hasta sus principios tan pronto pisan los despachos del poder. Nuestra clase política ha dejado de tener clase.

Razones de sobra nos han dado muchos políticos para alcanzar el desengaño general que vivimos los ciudadanos de a pie. La población española esta asqueada de quienes han gestionado la crisis antes y de quienes ahora la manejan a tientas. La clase política de este país y otras intocables entidades son quienes verdaderamente necesitan ser sometidos a severas y despiadadas reformas y recortes.

Es significativo y a la vez lamentable que el tema de debate a diario en cualquier tertulia sean elementos y organismos que teóricamente deberían ser intachables, y no obstante se han convertido en el objetivo de todas las críticas. Cuando no es la gestión política son los propios políticos o en algunos casos la corrupción. La propia justicia también está en tela de juicio, al igual que los cuerpos de seguridad del estado. Incluso los todopoderosos bancos están en entredicho, y ya para colmo de todos los males hasta la protegida monarquía española está en decadencia.

La triste realidad es que muchos de los privilegiados por el sistema siguen viviendo y muy bien “por encima de nuestras posibilidades” porque todos somos quienes les pagamos. Ellos mismos se lo permiten con el beneplácito de nuestros votos. Y mientras vemos eso, día sí y día también, el resto de españolitos tenemos la sensación de que nos están robando cada vez más “por encima de nuestras posibilidades”.

La indecencia de algunos gobernantes llega a tal límite que pretenden hacernos creer que hemos despilfarrado nosotros y por ello tenemos que asumir sus imposiciones. Ya casi nos tienen convencidos, algunos se lo creen, que no tenemos más remedio que acatarlo como si no hubiera otras soluciones posibles.

La verdadera realidad, y no hay más verdad, es que no nos merecemos esta tremenda injusticia social que están permitiendo y a la que nos están conduciendo unos políticos incapaces de hacer las cosas correctas y justas. Políticos que no sirven para nada más que criticar cuando están en la oposición y cuando tienen el poder y la sartén por el mango se preocupan más por mantener el sistema para su propio interés que actualizar y realizar los cambios necesarios y acordes con las nuevas circunstancias.

Por los discursos que oímos y las previsiones que nos plantean, aun nos queda mucho por ver y sufrir. A ver hasta donde llegamos, o mejor dicho, a ver hasta dónde podemos resistir. Lo que no veremos es a ningún político pedir perdón por el daño que están provocando, pues a muchos ciudadanos les están quitando la vida poco a poco.

Fdo.: José Antonio San Martín Frigols, en exclusiva para el Portal Comarcal. 

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